Actitudes a cultivar en tiempos de incertidumbre

En este artículo, comparto cuatro ideas que me sirven como brújula para navegar en tiempos de incertidumbre, el significado de práctica o hábito intencional y las tres actitudes necesarias para dejar que emerja el mejor futuro posible: curiosidad, empatía y coraje.

Indagando sobre el significado de hábito me sorprende descubrir su relación con el sentido etimológico de la palabra ética en griego. Ethike es la filosofía de las costumbres. Las costumbres habituales son el rasero de los actos humanos que se consideran asumibles por la sociedad. Para Aristóteles lo que requiere la virtud es sobre todo tener un hábito adquirido y éste es resultado de la costumbre.

Los hábitos o las costumbres que mantenemos actúan como fuerza modeladora de la persona que somos. Mi práctica, lo que hago cada día, es lo que me define, quién soy, y a la vez, la que me construye día a día en la persona que voy siendo.

“Si hay salvación para la raza humana, creo que radica en la humilde noción de práctica” dice en su artículo,  Presence at the edge of our practice, mi sabia amiga, steward de Art of Hosting, Helen Titchner Beeth, quien nos adentra en el sentido profundo de este término clarificando la diferencia entre hábitos o prácticas no intencionadas que seguimos por pura inercia, de las prácticas intencionadas.

Según el diccionario de inglés de Oxford el término Práctica tiene tres acepciones:
(1) la aplicación o uso real de una idea, creencia o método, en oposición a las teorías relacionadas con él (sinónimos: aplicación, uso)
(2) el procedimiento o forma de hacer algo habitual o esperado (sinónimo: costumbre)
(3) ejercicio repetido o realización de una actividad o habilidad para adquirir o mantener competencia en ella (sinónimo: entrenamiento)

Esta tercera acepción de práctica es el método para romper los viejos hábitos (definición 2) e inculcar nuevos. Así es como “podremos movernos de nuestro estado preconsciente actual para convertirnos en una especie compuesta de individuos despiertos, conscientes, receptivos y responsables, capaces de auto-organizarse para desarrollar nuestro potencial como humanos” (traducción propia).

Así de importantes son nuestros prácticas, por ello la comunidad de Art of Hosting se define como comunidad de practicantes (de estos hábitos intencionados) y no de expertos en determinadas metodologías. Entendemos que a través de nuestras prácticas podemos ser agentes de cambio cultural.

El punto de palanca por lo tanto para este cambio cultural, urgente y necesario, se encuentra en nuestras prácticas cotidianas. Y ¿cómo alimentar estas buenas prácticas?

Para responder a esta pregunta recurro al esquema de Otto Scharmer (Theory U) que identifica tres niveles sobre los que indagar y realizar auto-observación. Estos niveles para la toma de conciencia son: los pensamientos, las emociones y la voluntad que coinciden también con el concepto de cognición del biólogo y filósofo Humberto Maturana: percepción, emoción y acción.

Veamos  cómo operan cada uno de estos niveles y en qué dirección se disparan de manera automática y en qué dirección podemos cultivar una respuesta menos destructiva y saludable.

En el nivel de mis pensamientos, ante una realidad que duele o hiere, me asalta rápido el impulso de juzgar esa realidad. Es como si juzgarla, me ayudara a empaquetar el mal, categorizarlo y así apartarlo de mi camino. Esta sería, por tanto, una actitud prejuiciosa sobre el comportamiento de los demás que quizá me ayude a salvarme a mí,  pero me desconecta de las personas diferentes. La actitud contraria a cultivar sería la curiosidad, abrir interrogantes sobre qué me duele, por qué me duele, por qué me resulta inaceptable este otro punto de vista, en qué pilares se sostiene, y a cuestionarme si habría otro punto de vista que yo no puedo percibir.

En el nivel de las emociones, el odio o la competición son reacciones que se disparan con facilidad cuando la relación con el “otro” duele o confronta con mis intereses. Las emociones son motores más potentes que los pensamientos, por lo tanto su capacidad para escalar y retroalimentarse con fuerza es muy grande. Sería pasar de no compartir un punto de vista diferente a desear que la otra parte desaparezca. Los prejuicios unidos al odio y la falta de empatía son sencillamente el inicio de las guerras. La actitud en este caso a desarrollar sería la empatía profunda o compasión. Sobre el poder de la compasión se ha escrito mucho, yo me limitaré a indicar el camino hacia la compasión que empieza en el reconocimiento de las necesidades fundamentales del otro. Las necesidades humanas básicas e interdependientes en el sentido que desarrolla Max Neef en su libro Desarrollo a escala humana.

En el nivel de la voluntad, es el miedo el que se activa como instinto de protección. El miedo nos impulsa en tres direcciones: huída, parálisis o lucha. La actitud contraria a desarrollar sería el coraje. Confiar en el proceso a pesar de desconocer el resultado al que me llevará.

El coraje se apoya en un nivel muy interno, pues se trata de cultivar la fe, no la esperanza. Efectivamente, como recuerda muchas veces Margaret Wheatley, la esperanza es la otra cara del miedo, no tiene consistencia, se apoya en el deseo de que algo bueno ocurra, necesita verificarlo con la realidad exterior, por lo tanto nos mantiene en la misma energía que el miedo. La fe en el espíritu humano, así como la fé religiosa, no se apoya en los acontecimientos externos, reside en tu interior y está a su vez conectada con nuestro propósito profundo, con ponerse al servicio de lo que el mundo  o tu entorno necesita de ti.

Espero que este momento de alta incertidumbre nos sirva para revisar nuestros hábitos y abrazar nuevas prácticas con curiosidad, empatía y coraje.

Bon voyage a través del oscuro camino de la incertidumbre!