Cómo navegar en tiempos de incertidumbre

¿Es posible que la naturaleza pueda ser guiada por algo tan familiar como  “se sincero contigo mismo”? (Shakespeare)

Desde hace décadas se habla del entorno VUCA, acrónimo utilizado para describir o reflejar la volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad del contexto en el que viven las organizaciones en el mundo actual. Sin embargo, ha sido la frenada en seco de la actividad económica y la restricción de movimiento de los seres humanos a la vez en todo el planeta, lo que nos ha puesto exponencialmente en este entorno de incertidumbre.

Como facilitadora y formadora de Liderazgo Participativo (Art of Hosting en inglés) ha sido una constante hablar y profundizar sobre qué significa, cómo podemos movernos y tomar decisiones en entornos de incertidumbre y complejidad. Sin embargo, ahora nos toca vivirlo en propia carne y descubrir en qué consiste y cómo nos sentimos. Reconocernos dentro de la turbulencia, reconocer el deseo de querer saber ya qué es lo que está emergiendo, lo que está por llegar, en definitiva, reconocer cierta ansiedad ante el futuro.

Lo mejor que podemos hacer por ese futuro que deseamos conocer es sentir realmente el presente, en esto consiste abrazar la incertidumbre y activar su potencial.

En ese sentido, quiero compartir uno de los aprendizajes que me llegó escuchando a Margaret Wheatley recientemente en una webinar ofrecida por Beehive Productions. En un momento en el que no sirven mapas ni planes, Meg nos ofreció Los distintos estadios por los que pasamos cuando nos sentimos perdidos A mi me trajo consuelo y claridad y por ello me gustaría compartirlo. Se trata sencillamente de identificar las distintas fases por las que pasamos cuando nos sentimos perdidos. Ilustraré estos cinco estadios con la experiencia personal que tuve este verano con mi marido y experto montañero recorriendo durante una semana los Pirineos.

Primera fase
Reclamo a la realidad que se ordene según mis esquemas. 

Miro el mapa, no coincide nada de lo que veo a mi alrededor con lo que observo en el mapa y hasta puedo exclamar, “¡pero qué hace este río a mi derecha si debería estar a la izquierda y esta pendiente tan pronunciada si deberíamos llegar a una pradera!”

Los primeros tres días todo iba perfectamente, lo que encontrábamos en nuestra senda, coincidía perfectamente con el mapa y si nos despistabamos un poco enseguida se entendía el error y volvíamos a la ruta. En solo tres días aprendí a confiar en el mapa y en nuestras habilidades para navegar. Sin embargo, al empezar a caer la noche del tercer día, esperábamos encontrar una pradera, estaba claro en el mapa que llegaríamos a alcanzarla, lo que además significaba encontrar un espacio llano y poder descansar para la siguiente jornada. Pero, lo cierto es que la pequeña senda que seguíamos nos conducía hacia suelos cada vez más pedregosos y empinados. No decíamos nada pues la esperanza de seguir un poco más y volver a ver todo como esperábamos, funcionaba como un fuerte empujón para seguir adelante.

Segunda fase
Sensación de estar perdida. El miedo.

Empiezo a pensar: “esto tiene mala pinta, se va el sol, hace frío, me gustaría no estar aquí, ¿por qué no nos quedamos en un hotel como cualquier turista!?”

Tercera fase
El miedo se intensifica. Parar y buscar referentes desesperadamente.

“Yo no sigo, tenemos que saber dónde estamos y tomar una decisión”. Con desesperanza y el miedo todavía en la piel, cogemos el mapa buscando alguna referencia, todavía con la intención de ubicarnos en el papel.

Cuarta fase
Me rindo,  “surrender”.

“Bueno, no tenemos ni idea de dónde estamos ¡Estamos perdidos!” exclamo yo.

Quinta fase
No estamos perdidos, estamos aquí.

Mi marido responde “bueno, no estamos perdidos, solamente no sabemos dónde estamos en el mapa, pero estamos aquí!” Hoy recuerdo sus palabras y me dan ganas de enmarcalas, pues este es efectivamente el último y fructífero estadio de estar perdidos.

No estoy perdida estoy aquí. Este aquí de pronto es el lugar más importante. He caminado la última hora rechazando todo lo que veía porque no encajaba con el mapa y eso no me gustaba, pero ahora pongo foco en lo que veo, lo que tengo alrededor es lo más importante. El lugar en el que realmente estoy es lo que tengo para apoyarme, desde donde buscar claridad.

El paso del miedo al siguiente estadio es la claridad, no la esperanza (con esperanza sigues caminando esperando encontrar la praderita en la siguiente curva). Claridad para hacerme las preguntas adecuadas, desde donde estamos ahora ¿dónde podemos dormir?, ¿cómo descansar y sentirnos mejor?

Cuando estamos perdidos no funcionan los mapas, mapas trazados además en algún momento pasado y la realidad ha cambiado. No hay mapas pero puedo recurrir a otros instrumentos, sensores internos y actitudes que puedo cultivar en tiempos de incertidumbre.

Desde este presente, siento como mi capacidad cognitiva trata de estirarse, trata de tomar cosas del entorno para procesarlas, digerirlas y poder crear o recrear mis propias pautas de comportamiento. En este intento absorbo lecturas que hoy, instalada en la incertidumbre, me traen renovada claridad.

La física cuántica, percibe la realidad como una red de relaciones. Todos los organismos vivos están hechos en última instancia de átomos y moléculas, pero existe algo más en la vida, algo inmaterial que es el patrón de organización.  Este patrón común a todos los seres vivos es la organización en red.

(continuará con un nuevo artículo sobre Actitudes a cultivar en tiempos de incertidumbre: curiosidad, empatía y coraje)