Tiempos viru(s)lentos

Mariana Ruiz de Lobera, Socióloga, activista de las buenas conversaciones
Fecha: 21 de marzo 2020
Lugar: Madrid

La pandemia del COVID 19 se combate con el imperativo de parar. Esta parada física me empuja a una parada reflexiva que me gustaría compartir.

¿Qué está pasando en el mundo?, ¿qué nos está pasando? y ¿qué me está pasando a mi?

Trato de reconocer cómo me siento y reconozco varios niveles o capas de mí  hiperestimuladas.

Un nivel intelectual hiperestimulado por la novedad, la gravedad y la implicación mundial. Un nivel emocional y relacional hiperestimulado también por las relaciones virtuales que se multiplican y aceleran, además de una amalgama de sentimientos que recorren del miedo al amor pasando por todas las gamas y mezclas posibles. Finalmente un nivel que llamaría de voluntad o impulso hacia la acción también hiperestimulado por la ventana de Oportunidad que abre esta situación excepcional.

Diseccionadas estos niveles, me centro en el primer nivel, los pensamientos, por supuesto impregnados de las otras capas, como no podía ser de otro modo.

Mi primer pensamiento, que subrayo con el corazón, es señalar la novedad que estamos viviendo de haber priorizado en el mundo entero la Salud Pública por encima de la economía. Ya teníamos datos y justificación de sobra para parar la lógica económica mortífera en la que venimos viviendo desde hace décadas. En la actualidad muere un niño cada 5 segundos por causas prevenibles (según Naciones Unidas), la brecha entre ricos y pobres en el mundo sigue siendo cada vez mayor, en 2019 26 personas poseen tanta riqueza como la mitad más pobre de la humanidad, el año anterior la cifra era casi el doble, 43 personas.

Cuando escucho algunas voces alarmadas porque la economía se va al carajo, me pregunto, si alguién pensó que este mundo podría cambiar de manera ordenada y siguiendo un plan escrupulosamente trazado. Hay una condición imprescindible para que se produzca un cambio sistémico, precisa de dos ingredientes poderosos y temidos: el caos y la incertidumbre. Solo estos dos ingredientes generan un espacio donde puede emerger algo nuevo. El orden y la planificación por definición es el espacio de la gestión, nunca de la innovación y el aprendizaje transformador. (Dee Hock).
Este cambio y lo que emerja de aquí no está garantizado que sea bonito y maravilloso. Precisamente como navegamos en la incertidumbre, nadie es capaz de predecir qué va a pasar, pues esta es la propia definición de incertidumbre. Solo, tan Solo, quiere decir que hoy, AHORA, se abre una Oportunidad real de transformación. Pero por supuesto esta falta de control puede provocar mucha angustia, sobre todo en un mundo acostumbrado a la planificación y la predicción.
De qué depende entonces la dirección de este cambio. Depende del colectivo, ese colectivo en el sentido más auténtico, que surge de lo que cada uno y cada una de nosotras decidamos, bajo la influencia del propio contexto incierto, de las emociones generalizadas, de la capacidad de contagio de creencias y actitudes y de la solidez con que sostengamos los valores humanos.
Quiero traer el episodio histórico del descalabro económico que supuso para España la abolición de la esclavitud en 1886. España fue uno de los últimos paises en abolir la esclavitud en Cuba y Puerto Rico. El textil en Cataluña se desplomó y este desplome arrastró parte de la economía en Europa y el mundo.Cito textualmente del Libro de Ana Caballé sobre Concepción Arenal: “una parte de la sociedad española veía la abolición de la esclavitud como la causa principal de una posible ruina económica de la nación”. Quiero creer que esto no justifica lamentar haber mantenido ese sistema esclavista.
Otro grito angustiado que escucho es ¿Pero por qué parar todo!?, ¿Si solo mata a un grupito de  vulnerables?, La gripe común ya mató a más personas el año pasado y todo seguía igual. Va a ser peor el remedio que la enfermedad!. Siento que este es el grito desesperado ante la incertidumbre.
Una rutina constante genera sensación de solidez, me levanto, desayuno, voy al trabajo, vuelvo, un horario para la comida, para la cena, unos medios de transporte conocidos. La vida parece una roca sólida donde sostenerme. Pero si, de pronto la rutina se rompe, la roca se desvanece. Sucede también cuando se muere un ser querido, o al padecer una enfermedad grave o una discapacidad repentina, la roca sólida que sentíamos bajo los pies, se deshace en polvo hasta que poco a poco la rutina vuelve a prensar cada micropartícula hasta sentir de nuevo un sólido suelo en el que confiar.
Efectivamente no sabemos si nos va a gustar más el remedio que la enfermedad, supongo que depende del lado del que te toque.
Pero, como decía, la dirección de este cambio de manera global dependerá del impulso colectivo  que surja como resultado de la acción (y reflexión) en cada uno y cada una de nosotras.
Este es en realidad el principal motivo por el que he decidido escribir este artículo. Tomar conciencia de esta ventana de Oportunidad. Tomar conciencia de que mi conciencia individual, mis creencias, mis conversaciones, mi actitud está sumando en ese magma colectivo presente en el que se cuece la sopa que beberemos en el futuro.
La gran ventana de Oportunidad, se abre ahora, durante “la cuarentena” y sobre todo después. Tenemos ya un aprendizaje y una experiencia colectiva vivida globalmente y es que se puede parar el mundo solo para intentar que la población más vulnerable no caiga. En esto consiste la salud pública: me cuido yo para cuidar a los demás.

Y, ¿no será este el legado del año 2020 de la Rata según el calendario chino? En el Horóscopo Chino la Rata es el primer signo y marca el inicio de un nuevo ciclo energético de 12 años. “Lo malo a veces puede ser bueno, y esto es muy difícil de decir y de entender” dice Pepe Mújica en el documental de Kusturica, y en otro momento “lo más importante que hay que cambiar es la cultura, ese conjunto de creencias, valores, actitudes, no lo material”. Mi pregunta ahora es ¿Cómo aprovechar realmente y de manera colectiva esta ventana de Oportunidad que se ha abierto para este cambio cultural evolutivo necesario? Y ¿cuál es mi papel?

Gracias a la vida!